Macro-nutrientes y Micro-nutrientes
Los nutrientes son aquellas sustancias químicas necesarias para mantener las
estructuras y funciones de todos los sistemas biológicos.
El oxígeno y el agua, presentes en la naturaleza son nutrientes
importantes e imprescindibles para la vida.
El oxígeno es un elemento magnético, incoloro, inodoro e
insípido. Es el más abundante en la Tierra: constituye el
23 por ciento de la masa atmosférica, el 85.8 por ciento de
la masa oceánica y el 46.7 por ciento de toda la corteza terrestre,
pues es uno de los componentes de la mayoría de las rocas
y minerales.
El 60 por ciento del cuerpo humano está formado por oxígeno
y este se encuentra en todos los tejidos vivos. Muchas plantas
y todos los animales, incluyendo a los seres humanos, requieren
oxígeno ya sea en estado libre o combinado para garantizar
sus funciones vitales. El oxígeno está presente en muchos
compuestos orgánicos e inorgánicos. Forma los llamados óxidos
con casi todos los elementos, incluidos algunos gases.
Precisamente a esa reacción química se le denomina proceso
de oxidación. La combustión ordinaria es una forma de oxidación
muy rápida y en la espontánea el calor desarrollado es tan
elevado que puede provocar llamas.
El oxígeno es muy importante para producir energía, la cual
es utilizada para garantizar las funciones que intervienen
en el metabolismo de la nutrición. Sin energía no hay vida
orgánica, animal ni vegetal.
Una persona sana puede estar hasta 90 días sin ingerir alimentos
sólidos y hasta una semana sin beber líquidos, pero solo podría
permanecer de tres a cinco minutos sin oxígeno.
El agua es otro nutriente indispensable en la Tierra. De
hecho los primeros asentamientos humanos se fundaron cerca
de los ríos y mares, siendo el intento por controlar este
líquido causa de guerras entre pueblos de la antigüedad. Incluso
actualmente hay países donde el agua se cotiza por encima
del petróleo.
El agua es un líquido inodoro e insípido, cuyo punto de congelación
es de 0 grados centígrados y el de ebullición de 100 grados
centígrados.
El agua alcanza su densidad máxima a una temperatura de cuatro
grados centígrados y se expande al congelarse, pudiendo mantenerse
en estado líquido aunque su temperatura esté por debajo de
su punto de congelación.
El 70 por ciento del cuerpo humano está formado por agua.
El cinco por ciento está en el plasma, el 50 por ciento dentro
de las células y el restante 15 en el espacio extracelular.
Por ello se deduce que sin un aporte adecuado de este líquido
sería imposible mantener la vida sobre la faz de la Tierra.
El agua es el solvente por excelencia y transporta las sustancias
nutritivas a todas las partes del organismo. Al mismo tiempo
será la encargada de recoger en cada uno de esos sitios las
sustancias de desechos que serán eliminadas posteriormente.
En el agua se realizan las diversas reacciones químicas que
mantienen en equilibrio el medio interno del organismo. El
agua regula la temperatura del cuerpo eliminando líquido por
el sudor y la respiración.
Por estas vías se pierde hasta un litro de agua al día y
constituyen las pérdidas insensibles. Cuando realizamos ejercicios
físicos prolongados o estamos expuestos a temperaturas elevadas
aumentan esas pérdidas.
El agua es rica en minerales y oligoelementos importantes
para la nutrición. Curiosamente es la única sustancia que
existe a temperaturas ordinarias en los tres estados de la
materia, ó sea, sólido, líquido y gaseoso.
Las necesidades de agua son mayores en el niño que en el
adulto. Por eso el consumo de líquidos en los más pequeños
debe ser de un 10 a un 15 por ciento de su peso corporal,
en contraste con el de los adultos que se encuentra entre
un dos y un cuatro por ciento.
Entre los alimentos que debemos seleccionar para llevar una
dieta equilibrada están los micronutrientes, los cuales se
denominan así porque sus requerimientos diarios son menores
de un gramo en condiciones normales, pero no por ello dejan
de tener un valor extraordinario.
Dentro de los micronutrientes tenemos los minerales, los
oligoelementos y las vitaminas.
Los minerales inorgánicos como sodio, potasio y cloro son
necesarios para la reparación de las estructuras tisulares
del cuerpo y de manera constante participan en el metabolismo
de la nutrición.
Intervienen en todas las reacciones nerviosas, permiten que
se contraigan los músculos y además actúan en la coagulación
de la sangre. Muchas veces no los ingerimos en la dieta porque
desconocemos su importancia o los alimentos donde están presentes.
En muchos países el consumo de sodio es superior a las necesidades
diarias. Cuando nos excedemos en su ingestión podemos contribuir
a que aumente la presión arterial, un factor de riesgo para
contraer enfermedades vasculares como la arteriosclerosis,
cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, enfermedades
cerebrovasculares, afecciones renales y alteraciones en la
circulación general.
Entre los alimentos ricos en sodio tenemos los de origen
animal y en conservas. Sin embargo, la mayoría de los vegetales,
frutas secas y cereales no elaborados contienen solo cantidades
insignificantes de este elemento y pueden consumirse libremente
en la dieta.
Casi todos los alimentos contienen potasio, pero los niveles
bajos de este elemento pueden producir alteraciones cardiovasculares
como trastornos del ritmo e hipotensión arterial. Además provocan
debilidad muscular, calambres, náuseas, sueño y confusión
mental.
Otro de los micronutrientes importantes para el organismo
es el calcio que participa en el metabolismo de los huesos.
Interviene en la excitabilidad nerviosa, en la contracción
de los músculos, en el metabolismo del organismo y en la coagulación
de la sangre.
El 90 por ciento del calcio se almacena en los huesos y sus
necesidades aumentan en las etapas de crecimiento y desarrollo,
así como en el embarazo. Su déficit puede provocar alteraciones
cardiovasculares, debilidad general, trastornos en el crecimiento
y enfermedades de los huesos.
Durante la época de crecimiento y hasta los 25 años se asimila
el calcio que ingerimos en la dieta en mayor proporción. Por
eso en dicha etapa de la vida debemos crear reservas de este
mineral para conservar la fortaleza de los huesos.
Con la edad disminuye la absorción del calcio progresivamente.
En la dieta es importante lograr el balance entre calcio y
fósforo porque cuando las comidas contienen mayor cantidad
del segundo comienza la movilización del calcio desde los
huesos, es decir el proceso de desmineralización que aumenta
con la edad.
Los alimentos ricos en calcio son la leche y sus derivados,
legumbres, hortalizas y productos del mar. El magnesio es
otro mineral muy importante. Se encuentra en los huesos, dientes
y cabello. Los alimentos ricos en este elemento son las carnes,
pescados, huevos, la leche y sus derivados, los cereales,
legumbres y frutas.
Por su parte el zinc proporciona textura y belleza a los
cabellos e interviene en los procesos de cicatrización. En
general las carnes huevos, pescados, leche, mariscos y legumbres
son fuentes de este mineral.
El yodo regula el desarrollo físico e intelectual mediante
la hormona tiroidea que controla muchas de las funciones del
organismo.
La mayor fuente natural de este elemento se encuentra en
los alimentos que crecen y viven en el mar como las algas,
mariscos, y pescados de aguas saladas. También en los peces
de agua dulce, el arroz integral, la leche de vaca, oveja
y los huevos de ave.
Para preservar la salud humana es necesario consumir una
dieta balanceada en cuanto a los macro y micronutrientes.
Dr. José Manuel Ferrer Guerra
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